Un viaje hasta Bratislava.

La boda de un viejo amigo es la excusa perfecta para escaparnos a viajar en furgoneta, se casa en la capital de Eslovaquia y más de 2000 km nos separan de allí. 

En cuestión de días desmontamos la furgoneta por completo y la convertimos en una pequeña casa de madera. Ya estamos listos para salir.

Viajamos por viajar, por desplazarnos y explorar lugares desconocidos. No nos importa a donde llegar cada día y a una velocidad ridícula recorremos las carreteras más pequeñas que aparecen en el mapa. Elegimos los cruces por azar y un campo de trigo es razón suficiente para detenerse a despedir el sol.

La música suena al ritmo del viento que silba por las ventanillas de la furgo, perseguimos las montañas sin nombre que se dibujan en el horizonte y caminamos por sus laderas en busca de una cima.

La esencia de viajar.